Así como la primera parte era explícita, cargada de iluminación y mucha tensión; la segunda parte es algo más lenta, con un final loco sin proporciones. Todo ha cambiado y esta vez, el protagonista no es ni doctor, ni frio ni Dieter Laser; pero no por ello deja de ser inquietante y bizarro.
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| El bichito va creciendo |
La sinopsis es simple: Martin (Laurence R. Harvey) es un inadaptado, asocial, gordo e bastante tarado, que vive con su madre, posesiva y controladora. Trabaja en un empleo de mala muerte y su vida gira en torno a una cinta de culto, la original The Human Centipede. Por ello, trama un plan para hacer un ciempiés humano con 12 personas. Evidentemente, con los mismos conocimientos anatómicos y médicos que una patata, la cosa no puede salir bien. Y ahí es donde se lía.
Rodada en blanco y negro, con diálogos escasos y música alienante, la película nos sume en una espiral de asco y vergüenza; con escenas demasiado explícitas (incluso para mentes dementes) y un tono deprimente que causa hasta dolor en el espectador.
(Esa será la cara de nuestras pesadillas)
Tampoco tiene el ritmo de la primera, con momentos bastante densos e innecesarios para una cinta que solo dura 88 minutos.
Siguiendo el espíritu de la primera parte pero cambiando totalmente de estilo, fotografía y trama, es una aceptable defensora del trabajo de Tom Six. Pero hay que estar muy tarado para verla.
Le damos un 6.
LO MEJOR: ese tono oscuro y sucio que le proporciona el blanco y negro.
LO PEOR: ojo con el final, que hace apartar la mirada de la pantalla hasta al más pintado.
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