(La carátula da más miedo en sí que toda la película)
Expliquemos el argumento: joven pareja de artistas, más calientes que el pico de una plancha, allanan un hospital psiquiátrico de mujeres promiscuas para montárselo como fieras. Hasta ahí bien, es una idea lo bastante bizarra para que nos dé nuestra ración diaria de sustos. Y es que a veces, querido demenzinéfilo, somos unos ingenuos.
Con la excusa de grabar cámara en mano, lo que al principio parece un ambiente de suspense en seguida se torna aburrido y tópico. Todos los sustos (tres en toda la película) son predecibles y desde el minuto 15 sabes como se va a desarrollar toda la trama, el argumento y hasta el orden de los créditos finales.
No piense usted, pervertido lector, que con ese título por lo menos verá carnaza de la buena. No empiece a tocarse, porque es absurdo. Resumimos y le ahorro tiempo: una teta, un desnudo trasero y una amalgama sexual casi al final en lo que serían los 10 minutos gloriosos de la cinta (redondeando al alza porque me extraña que fueran tantos). Y eso casi al final. Es mejor ver porno e ir derechos al grano.
En cuanto a la parte técnica, no destrozaremos al pobre director señalando planos y movimientos imposibles que con una cámara de esas características no se podrían hacer. Ni criticaremos una música inexistente, unos fx de chichinabo y unas interpretaciones ridículas hasta para el parvulario. Nos callaremos nuestra opinión, porque siendo el mismo Bernard Rose que dirigió Candyman (1992), merece un respeto.
En resumen, un 3 super-generoso porque fuimos capaces de verla entera.
Lo mejor: difícil... los diez minutos de ''amalgama sexual'' por decir algo.
Lo peor: todo el resto.
(insistimos, no van a ver sexo en esta película)

No hay comentarios:
Publicar un comentario